No puedo recordar con ninguna precisión cuándo fue.

Hace algunos años comencé a pensar sobre el destino, en el marco de mis pensamientos filosóficos que nunca llegan a ninguna respuesta concreta, y me pregunté si existiría.

Más allá de las respuestas simples y carentes del más mínimo análisis que sirven para hacer conversación en un bar o café, intentaré plantear mi opinión bajo una forma coherente de análisis.

Para hablar del destino, primero debo definirlo.  ¿Qué es el destino para mí?

Yo veo a la vida como una película. Y al destino como el guión de la película, el argumento, la historia que escribió el autor. Lo cual nos lleva a la siguiente idea en esta cadena de pensamientos.

¿Creo en el destino?

No. El por qué más próximo sería “al autor y protagonista de mi película soy yo”. Pero es más complejo que una simple retórica egocéntrica.

He aquí el por qué más elaborado.

El universo es un lugar vasto. Y cuando digo vasto no lo digo a la ligera, sino que me tomo esa palabra en serio (así como casi todas las palabras que uso). Al decir vasto infiero una cualidad de magnitud enorme.

He pensado en la enorme cantidad de posibilidades que existen en cada pequeñísima decisión que tomo.

Podría salir a caminar hoy. Quizá a cuatro cuadras de mi casa el iPod se quedara sin batería, y ese hecho me obligara a quitarme los audífonos. Quizá este suceso me obligara a quitar la vista en el horizonte, obligándome a mirar las baldosas de la vereda cuando guardara el pequeño reproductor en mi bolsillo izquierdo. Quizá no mirar hiciera que al levantar la vista una rama de árbol me golpeara la cara en pleno ojo. Probablemente una hermosa puteada florecería de mí en todo su esplendor, y quizá este hecho fuera visto por una chica de aproximadamente diecisiete o dieciocho años que viniera cruzando hacia mí, haciéndome notar su sonrisa. Quizá al ver que no oculta la gracia que le hiciera mi momento de torpeza yo haría un comentario del tipo "ahora soy tuerto, pero por lo menos hago reír a la gente" que quizá la haría reír más. Tal vez este hecho permitiría que ella tomara la suficiente confianza para detenerse. Probablemente yo aprovecharía esta oportunidad para hablar con ella y bueno, sí... obtener su cel. (No todo es meditar sobre el universo. Yo también vivo.) Y quizá descubra que además de ser una hermosa morocha de ojos café, es una chica segura de sí misma que no tiene miedo de reírse cuando algo le causa gracia. Quizá saldríamos y nos divertiríamos. Tal vez saldríamos de nuevo, comenzando a sentir algo mutuo. Es posible que nos lleváramos tan bien que quizá seríamos felices juntos. Y no es totalmente descabellado llegar a considerar la idea de que en una o dos décadas tal vez estuviéramos juntos.

Ahora bien, analicemos esto. Si yo viviera esta pequeña historia que acabo de inventar, pensaría que de no haber sido por mirar hacia abajo, golpearme con la rama, querer salir a caminar o haber olvidado cargar el iPod, jamás hubiera visto a la hermosa morocha cruzando la calle hacia mí. [No sé si aclaré que es hermosa. Ya que estamos fantaseando, hagámoslo bien.] Nunca nos hubiéramos conocido y quizá terminaría viviendo en Mar del Plata con la única rubia no-estúpida que hubiese conocido en mi vida, y tendría un hijo no deseado con ella. O quizá nada de esto me ocurriría. Quizá luego de años de conocer mujeres vacías y personas sin nada que decir o pensar, terminaría resignándome a vivir solo, en un loft decorado de forma fría y minimalista, sabiendo que el único que pudiera apreciarlo sería yo. Son solo algunos posibles desenlaces de mi vida. También podría salir a la calle y quedar inválido por culpa de un conductor ebrio. O ir a la Tercera Guerra Mundial y sufrir una herida mortal. No se sabe.

(Y estas son solo algunas posibilidades, podría pensar algunas decenas más en unos seis o siete minutos.)

Pero no nos desviemos del tema.

El punto es que aquellos que creen en el destino tienen la idea de que existe alguien -Dios, Buda, Tusán, El chino Mario que atiende el super de mi barrio - o algo -un ente cósmico, la suerte, el karma- rige sus vidas. No solo eso, sino que ellos creen que la humanidad es tan especial que lo que le depara en el futuro a cada una de las miles de millones de personas en el mundo está ya escrito. “Destinado”.

Uno quiere creer que es tan importante en el universo que de alguna forma hay toda una vida de éxito y amor hecha para cada uno de nosotros, o para los elegidos, esas maravillosas -por no decir ingenuas- personas que creen en el amor destinado y en que todas las cosas ocurren por alguna razón. A veces cuando te cruzás con alguien solamente significa que los dos tienen el mismo horario, no necesariamente es que hay alguien en el mundo que te hizo chocártelo en el ascensor.  

Y no solamente en el amor, sino en todo evento que le ocurra a quien crea en el destino, ya sea bueno o malo, la causa de todo será reducida a “estaba destinado a ocurrir”. Cuando las cosas les salen bien es porque estaban destinados a triunfar pero cuando les va mal creen que no pudieron cumplir con su destino. Cosa rara, porque si su destino ya está escrito, entonces estaban destinados a fracasar. (Los amigos pensarán que estaban destinados a ser fracasados pero no les dirán nada porque son falsos, como casi todos los “amigos”.)

Lo que me entretiene de esta creencia, de la que yo mismo fui víctima hace no mucho tiempo, es que no resiste el más mínimo análisis lógico. Pensemos un minuto de forma científica. Pensemos en los millones de años de evolución que debieron darse para que podamos existir y ser conscientes de nosotros mismos. Cuando nuestros presuntos antepasados, similares a los monos, vivían rústicamente y se mataban y sacaban los piojos, ¿tenían un destino también? ¿Ellos también estaban destinados a “tener éxito” y encontrar al “amor de su vida”? Es un poco ridículo. Lo máximo a lo que podían aspirar era comer. Qué destino.

Ahora de vuelta al presente. Convivimos entre miles de millones de personas. Si hubiera una fuerza cósmica que nos vigilara a todos, digo… eh… ¿no sería un poquito jodido dictaminar el destino de 6 mil millones de personas? Digo, debe ser jodido andar llevando la cuenta de quién debe casarse con quién, quién debe tener éxito y quién está “destinado” a ser un fracasado. De nuevo, esto suena estúpido.

Además pensemos en el lado trágico. (Me encanta esta parte. Está llena de drama.) ¿Qué pasa con todos los negritos pobres de África? O para el caso ¿qué pasa con los negritos de acá? (Que no son negros, sino amarronados y feos, pero ese es otro tema.) Digo, ellos viven una vida de mierda. Son pobres. No tienen acceso a nada. Huelen como el culo (literalmente). Nunca van a progresar. Yo veo un chico cartonero en la calle y lo doy por muerto. ¿Cuántos años va a vivir ese pibe? Entre las drogas, la miseria y las enfermedades, está “destinado” a vivir una vida de mierda. Está destinado a morir en menos de veinte años. Un antiguo romano tendría una expectativa de vida mayor. ¿Qué tan ingenuo hay que ser para seguir creyendo que esto fue orquestado por algo o alguien de infinito poder y sabiduría? En las creencias somos todos bárbaros, pero la fe se queda corta ante los hechos, y los hechos son que mientras yo quiero comprar una Mac y vestirme en Armani, hay miles de personas que van a morir de hambre antes que yo termine este párrafo. Y no, no creo que ese sea su “destino”, creo que esa es la vida a la que son obligados a vivir. Pero podría ser diferente. (Y no me vengan con pelotudeces socialistas, por favor. No soporto a esos boludos utópicos.)

Por último, mi favorito. El amor de la vida. Claro, porque somos tan especiales entre los seis mil millones de cuerpos que nos rodean en esta roca que le da vueltas al Sol que seguro a nosotros  nos toca la “media naranja”. A pesar de que hay miles de personas solas, otros juntados que son infelices y otros que son felices a base de mentiras. Bárbaro. Realmente, ¿cuáles son las probabilidades de encontrar a alguien que valga la pena? ¿Existe la morocha que inventé? Aún si así fuera, no me hago ilusiones de encontrarla.

El amor destinado es tan real como Papá Noel, la única diferencia es que nadie se toma el trabajo de decirnos que es una mentira. Cuántos problemas nos ahorrarían si nos lo dijeran a temprana edad. “No creas que porque te enamoraste esa persona te hará feliz toda la vida.” Me hubiera encantado escuchar ese pedacito de sabiduría amorosa hace un año. (Tuve que aprenderlo por mi cuenta.)

No creo que una fuerza maravillosa y mística nos guíe hacia la felicidad. O que la vida está hecha de polvo de sueños o cualquier otra pelotudés hermosa que de real no tiene nada. Quizá soy descreído por naturaleza, quizá solo creo en mí mismo y lo hago porque todo lo demás me ha defraudado –amigos, parejas, Dios, lo que sea. Quizá esté equivocado.

Pero lo más triste es que probablemente pueda estar en lo cierto, y nadie me dé la razón por miedo a reconocer que su vida carece del más mínimo sentido. Que no somos más que pequeños granos de arena en la enorme playa que es el universo, y aquello que deseamos y ansiamos con tanta desesperación tiene tanto valor en el gran esquema de la vida como lo tiene para nosotros el deseo de vivir de un insecto. Somos los insectos del universo. ¿Qué importancia tiene lo que queramos? Ninguna.

No hay destino, no hay otra vida, no hay nada. Solo un gran vacío negro que nos rodea y que eventualmente nos tragará, ya sea dentro de 5 mil millones de años cuando el Sol se convierta en supernova y se trague a la Tierra y a Marte o cuando la humanidad se destruya sola por guerras estúpidas.

Y aún si pudiéramos evitar eso, el verdadero “destino” es inescapable: la muerte.

Perdónenme por pincharles el globo, pero la verdad ya tengo bastante con lo que vivo día a día como para agregarle encima boludeces mágicas sobre eventos fortuitos que si ocurren será “por alguna razón”.

Claro, claro. Papá Noel te espera, corazón.

 

–L.D.

Debo estar destinado a no creer en el destino
fondo
caja
historias
entrevista
radiografia
loquepienso
pines
imagens