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Estaba con mi viejo en este carrefour que incluye una cafetería, y paramos para tomar algo, medio podridos por el viajecito. Claro, él se tiró a chanta y yo tuve que ir a hacer el pedido a la barra. Cuando llegué a la susodicha barra circular había una mujer haciendo el pedido a la chica que atendía. Obviamente, no podía faltar la típica "vieja ventajita" que se puso al lado, dispuesta a ir en segundo lugar, en vez de hacer una cola, como corresponde. Otro tipo se le sumó y se puso a un costado. Yo llegué y me coloqué detrás de la mujer que estaba siendo atendida, y noté que al terminar, la vieja ventajita ya estaba diciendo: "me das un cortado?". Ya me cagó, -pensé- aunque sin estar seguro completamente de que se hubiera colado. Por eso no me hice problema, y la terminar, el otro tipo me dijo: "¿vos estabas antes..?", "si, si..", respondí como si tuviera la verdad de la milanesa (a propósito: ¿de dónde viene esta frase? ¿alguien sabe la historia? Ya saben mi mail...) y proseguí a hacer mi pedido, lo cuál fue algo extraño, porque la chica me hablaba con una sonrisa cómplice. No estoy seguro si era por el episodio de la vieja ventajita o por algo más... Dejando el ego de lado, pagué y ella me avisó que me lo enviaban a la mesa.

Encontré a mi viejo, y me senté enfrentado a él. Lo primero que buscamos fue un diario, aunque no nos sorprendimos al notar que la gente se arrojara como chacales a la presa, al primer pliego de papel que se pareciera a un diario. No me extrañaría que en su desesperación confundieran una servilleta con algo para leer. En fin, seguimos hablando hasta que en una mesa en diagonal, un tipo se levantaba. Mi plan era contar sutilmente hasta 10 y agarrar el diario que había dejado en la mesa. No llegué a 3 cuando un tipo ya tenía las manos en el suplemento deportivo.

No podía creer lo poco que esperó el tipo para agarrárselo, y lo más curioso es que estaba ¡al otro lado de la cafetería! Realmente, ese tipo tenía la velocidad de Flash y la sigilosidad de Batman para llegar ahí en 2 segundos e irse lentamente hacia su mesa. En cualquier caso, me resigné a seguir una conversación algo monótona, pero que se hacía entretenida por un motivo: nos dedicamos a vigilar a todo el mundo para ver quiénes tenían diario y quiénes estaban al acecho para obtener uno. Fue realmente cómico, todos revoloteaban haciéndose los boludos, pero sabíamos bien qué buscaban.

Llegó la otra chica, con la bandeja del café, y luego del saludo y agradecimiento, vi que mi café tenía bastante crema, incluso creo que más de lo acostumbrado. No pude evitar pensar, ego de por medio, que algo tenía que ver la chica que me tomó el pedido.

A los 10 minutos, una pareja se fue, y dejó un pilón de secciones de La Nación en la mesa, casi como si gritaran: "léannos, somos informativos, mañana no servimos ni de papel higiénico...". Ante tal súplica de esos pobres periodicuchos, caminé hasta esa punta de la cafetería, y descaradamente agarré TODO EL MONTÓN DE SECCIONES de La Nación. Mi viejo, admirando el botín, agarró la parte deportiva, que en realidad era un póster de Maradona en celebración por su cumpleaños. Recuerdo que me extrañó que pusieran 70 fotos de él, cuando cumple 45 años. Era lógico poner 45 fotos que abreviaran su vida, no se... yo lo hubiera hecho así. Pero, sin desviarme del relato, agarré el suplemento Cultura, y lo dejé por Enfoques, que disfruté bastante. Había dos notas muy interesantes, una sobre una rusa que contaba que sirvió a Stalin contra Hitler, y otra de un tipo que recordaba que antes pedir un café era más simple, porque no hacían tantas preguntas, "¿jarrito o pocillo? ¿leche o crema? ¿azúcar o edulcorante? ¿medialunas o alguno de nuestros budines?". Siempre contesto a todas, con desgano, porque recuerdo que la persona que atiende está trabajando y no tiene la culpa de lo que el hincha pelotas que le paga el sueldo le ordena que repita como lorito. Igual, cada tanto tengo la fantasía de hacerle tragar a esos dueños de cafetería, todo el café del mundo, hasta que se ahoguen y se dejen de joder con tanta pregunta boluda.

Volviendo al tema, el suplemento Enfoques me resultó tan interesante que resolví llevármelo. Mientras, otra mesa había dejado un Clarín a disposición del avivado de turno. ¡Allá, agarrá el Clarín, rápido! -exclamó mi viejo, víctima de una gran emoción. Me di vuelta y arrojé mi garra sobre el diario, que tenía la incómoda barra de plástico para evitar que la gente se lo llevara "por error".

Pasaron 10, 20 minutos, y  ya teníamos en nuestra mesa: una revista Caras (¿quién lee Caras en un café? ¿qué más van a poner? ¿Mecánica Popular?), la Viva (que se debería llamar "Ridícula" en mi opinión) varios suplementos de La Nación, y el Clarín. Era increíble cómo la gente se desesperaba al vernos con tantos diarios, mientras ellos daban vueltas buscando un sucio papel para mitigar la patética soledad que demostraban. No todos, pero la mayoría...

Al ir terminando, fuimos dejando los diarios y revistas en la mesa contigua, pero que estaba pegada a la nuestra. O sea, era la misma mesa, pero nosotros ocupábamos una de las dos partes, y dejábamos los diarios leídos en la otra.

En consecuencia, no faltó el caradura que, sin "permiso" ni "¿ya lo leyeron?", miró entre la pila de diarios, y se fue, como quien ojea los programas de Canal 13, y sigue cambiando de canal, porque no encontró lo que buscaba. Nos sorprendió la actitud de ese infeliz, pero seguimos hablando, ya casi sin material de lectura, y con la bandejita de café a un costado, casi olvidada. Esto es lo que yo llamo "el efecto TV Guía": primero llega, y todos le prestamos atención, pero al cabo de poco tiempo, es tan interesante como ver el tránsito en un estacionamiento.

Siguiendo con el relato de la bajeza humana, apenas terminé de leer el Clarin -que no se compara con La Nación, en MI opinión...- una mujer de atrás, se apuró a decir: "¿me pasás el Clarín si ya lo leíste?" "si, tome..." -contesté, algo abrumado.

Luego de ese show de locos por el diario, nos fuimos, casi seguros de que los chacales se abalanzarían sobre nuestro botín apenas nos alejáramos, y nos alegró saber que se iban a matar entre sí por él...

-L.D.

 

Domingo. Carrefour. Café. 10:00 a.m.