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11:15. No, no quiero el especial de turno, solo una Coca y papas.

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Decidí caminar, por una vez en mi vida, el mismo día que el clima se la agarró con la ciudad de Buenos Aires: todo estaba cubierto por un manto de lluvia, pero claro, eso me gusta. Me encanta la lluvia. La lluvia y los días nublados. La lluvia fuerte, esa que le vuela el paragüas al incauto más cercano, aunque esto derive en que el paragüas de ese pobre diablo termine en mi cara. Por supuesto, lo único que le molesta de la lluvia, a este excéntrico egoísta, no podía ser otra cosa que el descontrol que me hace en el peinado "despeinado" que estoy 20 minutos creando con gel. [si, dije "creando". Hacer ese trabajo en ayunas y con sueño, no es otra cosa que arte... Sory, Picasso, hay un nuevo chico en la ciudad...] Vamos a las confesiones: odio dar un paso más allá de la puerta sin el pelo debidamente "despeinado" hacia arriba con gel. Para ser algo drástico, digamos que simplemente no hay Leo sin pelo despeinado con gel. Sería "cacho" o "bartolo", pero no Leo. [si, ya sé, tengo un raye tremendo con el pelo, demándenme si no les gusta...]

Por esta razón, odio que mi hermano mayor me lo gaste sin avisar. [irónicamente, me doy cuenta que la primera vez que lo usé, yo se lo había sacado a él. Claro que él me lo usó más veces. Mmm, después le saco algo y quedamos a mano] En fin, no me voy a ir por las ramas, [esto no es un cuento sobre mis diatribas periódicas con el pelo, como en esas insípidas publicidades de Sedal] así que retomando el tema, el motivo de mi caminata no pasaba por algo físico o de salud, [porque no soy otro maniático de la salud, consumidor de productos Ser y desvivido de toda emoción de la vida, por temor a subir un gramo de peso o agitar el corazón al doblar la esquina] sino que era uno de esos días donde todo pierde el sentido, y salgo a "buscarlo". Al menos esa era la idea original.

Media hora después me encontré en un cyber. Suena como si me hubieran secuestrado, violado, torturado y dejado ahí para ver los mails, pero la verdad es que fue mucho menos dramático que eso. Segundos antes, la lluvia arremetía contra la estampida de borregos, que desamparados de un codiciado paraguas, se abalanzaban sobre la vereda más cercana, dejando otros pobres heridos en el camino. Los infaltables egoístas imbéciles [que nos dan mala fama a los egoístas normales] caminaban con paraguas, y por si fuera poco, debajo de la protección de los balcones de los edificios. Eso es algo que nunca voy a entender. ¿Si tienen paragüas, para qué van debajo de los balcones? Y lo peor son los más grandes, los chiquitos de la tercera edad, que teniendo paragüas no se corren y te miran con cara de "soy frágil, pibe, matate. El abuelo tiene que ir a la farmacia...". Y claro, para no quedar mal, te hacés el boludo y te corrés vos, pero la verdad no me parece justo.

Otra cosa: me harté de dejar pasar al sexo opuesto en el colectivo. O mejor dicho, me harté de que se cuelen creyendo que está implícito que uno las va a dejar subir antes. Vamos a aclarar algo, por lo menos concerniente a mi: yo te dejo pasar si quiero y si me desperté de buen humor y me caés bien, no hago beneficencia con eso, y si lo hago, espero un merecido "gracias" que parece estar olvidado, porque nadie se da cuenta que es un favor de tu parte darles el lugar o dejarlos pasar, no una obligación. Volviendo al cyber, debo decir que ni un humor de lunes me quita el placer de abrir el navegador y empezar a recorrer la web, o simplemente conectarme a la red de MSN. [por cierto que no es una red muy concurrida a las 9 de la mañana...]

Pasada la hora, le dije al chino/ponja o lo-que-fuera-provenido-de-oriente que me agregara otra, con mi reconocido tacto para los negocios:

Leo: "Eh, ah.... otra hora..."

el Ponja: "peso... uh, ah.... un peso" [esa forma de hablar, mezcla de "dame guita para mantener a mi familia que vive en el otro lado de mundo", y "¿qué carajo querés?", siempre me gustó...]

Leo: "Si, si, tomá el peso..." [yo lo decía con tono "bancame que ya saco las monedas, Jet Lee, calmate un poco..."]

Y así comenzaba otra hora de hueveo virtual, donde no hice la gran cosa: subí unos 9 o 10 temas al mail para tenerlos a mano, revisé la cuenta de Hotmail, que está en un coma social del que no puede salir porque no llegan mails, debido a que todo me llega a la de Gmail, y lei sobre algunas cosas que estoy rastreando siempre. Lo bueno fue el pequeño extra que obtuve: en el escritorio de la pc había una carpeta llamada "música", que evidentemente contenía diversos temas de variados artistas. Ni me molesté en buscar a Nek, porque ya todos sabemos que no va a estar [incluso en Musimundo me dijeron: "eh, quién?, ah... no, no... lo dimos de baja hace rato". Ese momento fue tragicómico...], pero sí encontré un álbum completo de Avril Lavigne que nunca pude escuchar. [debe ser porque en mi vida compré algo de ella, y no pienso empezar ahora...]. Al contemplar el rejunte de música pop que habitaba esa modesta carpeta, llegué a la conclusión de que los temas eran obviamente ilegales, así que me dije: "a la tierra que fueres...", me copié la carpeta de Avril Lavigne al iPod, y continué con mi feliz recorrido como si todos fuéramos buenos y santos.

 

11:15. NO, NO QUIERO EL ESPECIAL DE TURNO, SÓLO UNA COCA Y PAPAS.

La lluvia paró, y retomé mi caminata. Imaginen mi sorpresa al ver que no había manifestantes frente al Congreso. Increíble, era casi un "momento Kodak". "Se tomaron el día, o el agua los ahuyenta, o están durmiendo...", pensé, teniendo en cuenta que los miércoles son los jubilados los que cortan las calles. [aunque los pobres no asustan a nadie, y se quedan en una marchita esquina con una tristísima pancarta que ha visto años mejores, viendo pasar a la gente que los mira como a las cebras del zoo] Varias cuadras más adelante, llegué a un McDonald's, que con esa forma de ser, tan prefabricada y desalmada, me quitó $5 de los bolsillos. Con la "bandejita plástica de fantasía" me dirigí al segundo piso, enfrentando las miradas exhaustivas de los que estaban ya sentados. ["Mirá, uno que llegó.... wuuuaau, otro cordero para el sacrificio..."] En seguida detecté un rincón para solitarios, que no podía estar en otro lugar que a dos pasos del baño. Estos lugares son tan visibles, porque cuando no hay un pobre diablo fingiendo que su comida es taaan importante que no puede levantar la vista de ella, hay otro que lee el diario más grande que encuentra, en la mesa más pequeña que existe.

Así que me ubiqué en una de las mesas, estrenando el sector, que luego sería compartido con otro espécimen común: el "oficinista que lee algo de un papel medio raro sobre la mesa", para escribir este post en un papel, mientras miraba con las mismas miradas que los demás a los pobres desgraciados que subían a nuestro nivel. Al terminar la charada alimenticia, dejé la "bandejita plástica de fantasía" en esos pseudo-tachos para bandejas y basura, y aguantando la tentación de tirarla a la basura también, pasé por el baño. O debería decir "bañucho". Tenía tres cubículos individuales, que parecían estar ocupados. "Ja! Así de buena debe ser la comida...", pensé, y me vi obligado a ir al sector común. Más o menos arreglé el desastre que la lluvia me había hecho en el "despeinado" y antes de irme, un tipo salió de uno de los individuales, y sin lavarse las manos [no te vayas a molestar, eh?...] se fue corriendo como si no hubiera un mañana.

Sonreí cínicamente al espejo, al ver al "intestino frágil" salir del baño sucucho, y llegué a la calle, donde comencé el regreso, sin encontrar ningún sentido ni nada existencial como había planeado, pero con la satisfacción de haber matado al aburrimiento, y al lunes, por unas horas.

-L.D.

 

¿Lunes otra vez?