¿Qué puedo decir? El viaje a Mar del Plata en verano es tan típico para mí como el árbol de navidad armado a último momento, la MacExpo de San Francisco o el fútbol del domingo. Por supuesto que yo no armo el árbol, no tengo una Mac, y no juego al fútbol. Pero lo que sí hago es tomarme unos días en la costa para alejarme de la ciudad. La premisa de este año fue: "me tomo tres semanas y hago un 'retiro creativo', viendo ideas para nuevos diseños". [Claro, seguro... luego podemos crear un mundo mejor y cantar agarrados de la mano, por favor... ni yo me la creo]
Luego de cinco horas y media de flagelo, arribamos en Mar del Plata (MdP), que los marplatenses abrevian "MDQ" (sigo sin saber de dónde sacaron la "Q"). [Justo cuando creíamos que la finalidad de abreviar las palabras era facilitar el entendimiento sin necesidad de escribir demasiado, a un "genio incomprendido" [léase "pobre desquiciado"] se le ocurre abreviarlo con letras ajenas al nombre]
Como siempre, el lunes fui por mi ejemplar de La Nación, para leer el suplemento Tecnología, que terminó aumentando de precio... otra vez. El antedicho suplemento es algo así como el 90 por ciento de lo que leo del diario, seguido de la página de humor, y alguna otra noticia que NO sea de política, deporte, clasificados [este no es un buen diario para buscar empleo, por cierto...] o cualquier otra cosita internacional que francamente me resbala tanto como la economía de Uganda, el embarazo de Britney Spears o la novela mexicana de turno. Esto me lleva unos 30 minutos, debido a la falta de notas interesantes en el suplemento y a noticias "que-no-sean-tragedia" del diario en general. [Y Clarín no se pone mejor que esto, por lo menos para mí...]
Dejando las primeras quejas de lado [habrá otras luego] si algo debe destacarse de esta ciudad [MDQ] es su clima. La temperatura puede alcanzar los 32 grados y no se sienten como en Buenos Aires. [Donde parece que sin aire acondicionado la muerte estuviera a la vuelta de la esquina] Yo atribuyo este fenómeno a la proximidad del mar, aunque suene a teoría simplista. No encuentro otra explicación para contestar por qué no nos sofoca el calor como en la ciudad del Obelisco. Y de esto hacen alarde los noticieros marplatenses, cuyas noticias se basan en el clima [un segmento innecesariamente largo], coronado luego por la tragedia del día y el estado de las playas. Hagamos un paréntesis justo ahí: ¿alguien NECESITA saber el estado de las playas? Teniendo en cuenta que uno pasa la mayor parte del tiempo afuera, creo que el clima es bastante conocido para cualquiera que pueda simplemente ver el cielo. Además, el estado de las playas es casi igual al estado del clima, con la diferencia de que la cámara enfoca a la fauna playera en vez de a la ciudad en general.
DESTINO: LA PLAYA.
Vamos a repasar algunos temas inherentes a la playa. Esos lugares de esparcimiento en los que los vendedores ambulantes abundan, y entre ellos, el diariero grita a viva voz: "Diarios, RÉVISTAS", creando una nueva y emocionante palabra. [Me resulta irónico cómo alguien que lleva tanto material de lectura encima, puede cometer un error tan infantil]
En la playa, lo primero y principal: las poses. Todos hacemos esas poses truchas tratando de hacer facha, que no nos creemos ni nosotros. Evitando que el ego se apoderara de mí otra vez, deje todas esas simplezas de lado, y me dediqué a analizar lo que hacía la gente, cosa mucho más útil y realista, sin olvidar divertida. Lo que más me llamó la atención de este escenario arenoso es que la gente sufre de algo que llamo el efecto "llueve sobre mojado". Es decir: van mil horas a la playita, se chamuscan de ambos lados cual carne de asador, y entran al mar por horas y horas, siempre que NO LLUEVA. Porque si el más mínimo atisbo de lluvia osa caer sobre el turista desprevenido... game over, listo, a otra cosa. Todos corren como si no hubiera un mañana, se acurrucan bajo sombrillas y carpas, temerosos de la cólera de dioses en los que ya nadie cree, gritando con pavor, subiendo a los autos, chocándose entre sí, vistiéndose rápidamente para no mojarse con el agua de lluvia luego de mojarse por horas con la del mar [???]. Yo sentado, o mejor dicho, echado en la arena, manta de por medio, viendo al rebaño correr al matadero. Es uno de esos momentos donde agradezco estar vivo, para observar las actitudes carentes de sentido de la masa amorfa. Luego de ese frenesí por la supervivencia de la humanidad, quedamos 4 gatos locos en toda la playa. Faltaba que cantáramos esa canción de Fito Páez. ["nanananaaaaa, na, na..... llueeeve sobre mojado..." No me gusta Fito Páez, pero no hay canciones de Nek sobre los líquidos] Y así fue como los individualistas tuvimos la playa para nosotros y fuimos todos felices, correteando en la arena húmeda [que ya no nos calcinaba], bajo el hermoso cielo nublado que no dejaba pasar un sólo rayo de sol hacia nuestras caras. Eso es lo que yo llamo un buen día. Claro, el tipo que dice el clima en Canal Ocho difiere, pero ¿quién escucha a los meteorólogos?
CRÉASE O NO.
Esta ciudad tiene algunos traumas que, aunque no llegaron a molestarme, sí me extrañaron bastante. Por ejemplo, en una panadería porteña [y asumo que en cualquiera del mundo], si compramos varias cosas, nos entregarán todo en una bolsa tipo supermercado. No en esta vida, amigos míos. O mejor dicho, no en esta ciudad. Parece que los comerciantes marplatenses, en general, no te dan bolsas, salvo los supermercados. Supongo que es un tema de fe: no CREEN en las bolsas. [???] No todos son así, pero me sorprendió la cantidad de negociantes que hacen esto. Es como si les pidieras un órgano. De igual forma, hacia los últimos días estaba realmente harto como para soportar el carácter de esta gente, así que demandaba mi mísera bolsa sin importar la "cara de malo" del comerciante.
Luego tenemos el agua potable que de potable no tiene mucho por la sal omnipresente en cada cañería de la ciudad, el diario más caro por el envío al interior, los aviones que pasan sobre las playas arrastrando carteles de publicidad, la Coca-Cola de 3 litros (con su hermano Sprite del mismo tamaño), el clima como único y eterno tema de conversación ["¿Está pesado, no? -Y si, pero cuando levante temperatura esto se va a poner peor -Ni hablar si viene viento del sur"], la playa y el centro como los únicos lugares de entretenimiento, "ojalá no se nuble, qué lindo día" como el deseo constante de la gente que parece tener miedo de que la lluvia los derrita [pobre gente, no quiero ni pensar cómo se enfrentarán a la ducha día a día...], y tantas cosas que serían necesarios dos posts para enumerarlas todas.
BUENO, NO HACEN FALTA DOS POSTS DESPUÉS DE TODO...
Toledo es la cadena de supermercados que pulula a lo largo y ancho de la ciudad costera. Y eso no me llamaría la atención si no fuera por su calidad. Con esto quiero decir que Toledo está a mitad de camino entre Coto y Disco. Podríamos decir que es una mezcla de "super-de-los-chinos" con Leader Price, Disco y Coto. Y me atrevería a reducir este híbrido como un "Coto con dignidad", lo cual ya es mucho. Algunas particularidades son los productos que no son marca "Comprame y ahorrá S.A.", cosa que me da más confianza. Y el toque Coto no se extraña en las cajas rápidas que de rápidas no tienen nada, y en la distribución amontonada de las cosas. Esto me recuerda al Coto de mi barrio, en el que una vez despejaron el pasillo central de las pilas de productos distribuidos circularmente a mitad del pasillo para moverlos hacia las nuevas góndolas mejor distribuidas. "Dios existe... lo hicieron", pensé esa vez. Luego me daría cuenta de que era una maniobra para atiborrar no sólo las góndolas tradicionales, sino también el antedicho pasillo central con más pilas de productos apilados circularmente. [Al más puro estilo Coto]
Retomando con Toledo, los productos para hombre del área limpieza/cuidado personal tienen la característica de tener siempre la foto de un deportista y algún slogan para resaltar la virilidad del que lo use. Esto es: un gel de limpieza facial Adidas, con la foto de no se qué deportista, y la palabra "MEN" en letras cuasi neón para que nadie sienta su sexualidad comprometida. Yo digo algo, ¿no sería mejor evitar la foto del tipo en el gel de limpieza facial? Yo por lo menos no estaría muy cómodo con la foto de un hombre en mi desodorante, o para el caso, en cualquier otro producto que use. No quiero sonar homofóbico con esto, pero no le encuentro el sentido. En la misma góndola encontramos el kit básico para el hombre moderno, que consiste en un desodorante y una nada sutil [enorme] caja de preservativos, y un kit similar: desodorante y calzoncillos [nótese que no hay preservativos en este kit. ¿es para el hombre que tienta su suerte?].
La perlita del día fue la sidra "La parranda" que me hizo reír apenas la vi en la góndola. Finalmente, al salir me embolsaron todo en las bolsas navideñas que les sobraron de las fiestas, completamente fuera de temporada. No entiendo la necesidad de hacer motivos para las bolsas del super. ¿Alguien tiene más ganas de comprar por eso? ¿Nos llenará de regocijo ver las bolsas festivas cuando abramos la billetera para pagar? "Al menos ellas se divierten con esta compra", pensaré ahora.
AL AEROPUERTO, ROBIN!
Mi hermano no había podido viajar con nosotros por un tema de trabajo, hasta la segunda semana, donde hizo una breve aparición y regresó, aprovechando para viajar en avión. Con respecto al primer viaje, el de ida a Mar del Plata, estaba esperando que llegara, cuando noté que el vuelo se había retrasado. Con eso en mente, comencé a observar mi entorno. Entonces lo vi. El slogan de Aerolíneas Argentinas: "Siempre arriba". Imaginen mi sonrisa cínica al leer eso, porque lo primero que pensé fue: "¿no es la idea que estén arriba? ¿hay que estar orgullosos de que por ahora no mataron a nadie? Bueno, sigan con el buen trabajo, muchachos!!!"
En las filas de asientos de espera había poca gente, entre la que se incluían dos tipos con laptops viendo películas animadas. El inevitable "ojalá tuviera una Mac ahora" no se hizo esperar. Como siempre, chequee el baño del lugar, que quedaba hacia el fin del largo pasillo que conformaba el pequeño aeropuerto. Lo primero que me sorprendió fue el espacio del cubículo privado. Era el más grande que tuve oportunidad de visitar, con decorados negros y plateados. Minimalista como pocos. Incluso el jabón líquido perfumado olía a caramelo "Sugus" sabor manzana. [Que también es el mismo olor/sabor de demasiados productos. A veces como un helado de supermercado y tiene el mismo sabor que un caramelo y el mismo olor que un shampoo. Eso nos hace pensar...]
El tiempo pasó, los borregos comenzaron a colmar el lugar, y finalmente el vuelo arribó. Mi hermano me contó el escándalo de turno del chiflado de turno en el avión de turno. [Siempre pasa algo en esos vuelos] Nos pusimos al día [aunque yo no tenía mucho para contar con el opio que me resultaba la ciudad], y comimos por ahí. Una cosa que noté cuando llegó, es que al igual que él, apenas yo había llegado una semana antes, lo primero que hice fue practicar el deporte de "a ver quién se fundió y quién prosperó". Esto es: ir por las calles del barrio, y ver cómo el cyber que hace dos años estaba ahí, fue reemplazado hace un año por una verdulería y ahora está cerrado con una reja. [En plena avenida, cosa que no queda muy pintoresco] Y cómo el otro cyber que frecuento cada año, prosperó y sigue con los mismos empleados. Lo mismo se aplica para los negocios del centro, y muchos locales del estilo Balcarce o Havanna que son como mosquitos en la luz para esta ciudad.
SEGURAMENTE MOLESTO.
Esto me recuerda otro detalle. Pocas veces verán en Mar del Plata la seguridad que inspiran los negocios. O quizá debería decir inseguridad, porque una buena parte de los comerciantes atienden con miedo y salvaguardados detrás de un, siempre a mano, vidrio antibalas. Este es el caso de Balcarce, donde la vendedora te mira desde lejos, y comienza a analizarte: si no llevás un cartel que dice "hola, soy ladrón, vengo a robarte", no tenés cara de Bin Laden [yo no le abriría tampoco a Bush] y estás de suerte, se acerca a abrirte la puerta altamente trabada. La mirada de desconfianza es tal que tendrás ganas de levantar las manos para que no piense que vas armado. Eso por una docena de alfajores. La próxima vez los compro en Buenos Aires, o en Havanna. [A decir verdad, prefiero el logo de Havanna al de Balcarce, que no tiene ese lobo marino ajeno a la fabricación de alfajores, así que sigo preguntándome por qué me digné a ir...] En otro local de la vereda de enfrente, igualmente protegido y preparado para la guerra, entré y vi un curioso volante de una pedicura: "Atención a uñas encarnadas. No sufras más" (Ahhhh!!!! ¡Demasiada información! ¡Tengamos secretos, por favor!)
CIUDAD ABIERTA. [No, no me refiero al canal de cable homónimo]
Un día, recorriendo la costa, llegué a uno de los barrios de mayor poder adquisitivo. Con vista a la costa, había un mirador que denotaba la bandera argentina en medio, y estaba rodeada por unos bancos de madera estilo Puerto Madero. Lloviznaba, y yo tenía la camisa blanca, [esto parece una canción de Juanes] lo que en medio del viento me recordó cierta publicidad de Lacoste. Nunca en mi vida vi gente que realmente hiciera las cosas que hacen los personajes ridículos de las publicidades de perfumes, desodorantes y demás; pero durante ese breve instante parecía ser uno de ellos.
El cielo nublado y oscuro [perfecto], me recordó mi teoría de que Belgrano tendría que estar realmente loco o ser más daltónico que un perro para no poder ver que el cielo no tiene un sólo color o tonalidad. No pretendo que un prócer sea diseñador ni mucho menos, pero con que vea los colores me conformo. Quiero decir: el cielo es un degradado de celestes, y en ocasiones azules, que se vuelve más claro conforme se acerca al sol, y más oscuro conforme se aleja de él, lo que da el aspecto azulado hacia el extremo opuesto al astro. Ni siquiera es solamente un degradado, porque convive con nubes, relámpagos, niebla, y algunos efectos especiales más. ¿Qué tan obtuso era este hombre para simplificar todo el cielo en dos franjas celestes y un famélico sol en el centro de una franja blanca, que nada tiene que hacer ahí, formando así la bandera argentina? Bastante, en mi opinión. Mucha patria, pero sentido estético... dejémoslo ahí.
Dejando mi eterno conflicto con el diseño de la bandera de lado, comencé a caminar por la zona, adentrándome en las calles internas y alejándome de la costa. Lo primero que noté fue que esta zona de clase media/alta, rodeada de boliches [todos la conocemos más por esto que por otra cosa. Dudo que alguien vaya por el amanecer...] y decorada con locales estilo shopping, mostraba unos visitantes bastante uniformes. Es decir: ¡todos vestidos igual! Por doquier salían hombres vestidos de beige con pullovers colgados de los hombros. "Descifré el código de los bien acaudalados... ¡simplemente hay que vestirse con un aburrido beige y llevar un pullover con tonalidad pálida para combinar!" [Qué poco sentido de la aventura. Realmente hay que ser indiferente al mundo, y al buen gusto, para vestirse así] Ni con todos los euros del mundo me vestiría así. Esta es una de las cosas que nunca llegué a entender de los que tienen un buen pasar económico: tienen miedo a ser distintos al resto de los aburridos ricachones. Hay más colores que el beige, señores, nadie los va a matar si tienen un poco de estilo. Creo no pretender demasiado. Tampoco digo que se vistan en Armani. [Y bien que podrían costearlo...]
De vuelta en el centro, siempre bullicioso y repleto de borregos, un nuevo personaje, el "abuelo nostálgico", cantaba tango para sí mismo mientras caminaba [Un cliché viviente]. El hecho de que nos obligara a escucharlo le quitaba algo de privacidad, voy a decir. También teníamos a la típica madre que va con un montón de chicos, y se la da de guía turística ["Este es el Torreón, por allá está el edificio de..."]. Muchas cuadras, borregos esquivados, calles mal cruzadas, y minutos después, entré en el único shopping de la ciudad. Si es que a ese rejunte de localuchos de marca en la planta baja y al patio de comidas en el primer piso se le puede llamar así. Una mujer decía: "tengo la pollera verde", cosa que de nuevo me recordó a la canción de la camisa negra de Juanes. Incluso tengo una fórmula: elijo una prenda cualquiera, le agrego un color y un ritmo, y listo! Un nuevo hit instantáneo. Así es como mis éxitos "El pullover azul", "La campera de jean verde claro" y "La remera estampada" algún día escalarán hasta el puesto número uno de los "40 principales". [No me extrañaría, hay cada cosa ahí...]
Finalmente, dejé la charada de las compras para volver a casa. Cené, y haciendo zapping encontré una película de Steven Seagal. Desgraciadamente me vi obligado a ver los primeros minutos de esta risible producción clase B, para inevitablemente apagar la tele. El problema con este tipo es que es un Van Damme barato, cosa que creía imposible. Aunque claro, Chuck Norris les gana a ambos por lástima. [Pobre muchacho venido a menos]
CHAU CHAU ADIÓS!
Las tres semanas pasaron, muchas ideas de diseño surgieron, un truco para guardar películas Quicktime llegó a mi conocimiento, el inevitable bronceado me decoró el cuerpo, y la gente se vio multiplicada por la venida de los turistas de la segunda quincena.
Finalmente emprendí el regreso, y en definitiva, dejé atrás todo ese gentío regado de arena, sol y constantes reportes del clima, para retornar a mi querida ciudad. No puedo quejarme [un poco tarde!] para ser sincero, y debo decir que Mar del Plata me sigue atrayendo, pero a mí déjenme en Buenos Aires, mi lugar.
-L.D.
Notas:
Una amiga me hizo saber que la ciudad de Mar del Plata tiene la abreviatura "MDQ" porque "MDP" ya estaba tomada por otra ciudad o pueblucho de mala muerte que se apuró y triunfó. "Al que madruga..." [..."Dios lo ayuda". Hay que empezar a completar los refranes. Me estoy cansando de la gente que dice la mitad y pretende que uno se los conozca todos].
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