Aclaración: No soy de izquierda, ni derecha, ni arriba ni abajo. No me gustan la política y/o los políticos. Que quede claro desde el vamos. Aclaro esto para los infelices que se apuran a rotular a la gente cuando tienen ideas distintas a las propias.
Desde que este personaje llegó me molestó. Me molestó su discurso típico y predecible de político. Su alianza con una mujer inválida para inspirar lástima. Sus intereses de empresario, sus historias de secuestro y su fingido interés en los problemas del público. Es precisamente todo aquello que siempre me repugnó en un político.
Esto lo pienso hace rato, puntualmente desde la elección en la que debí votar si quería a este hombre a cargo de la ciudad. (Y no, yo no lo voté. Voté a un pichi que ni yo conocía, solo para darme el gusto de no ayudar a Macri con mi voto.) Sin embargo, mi repudio hacia la política en general y Macri en particular se ha visto crecido exponencialmente desde hace unos días.
Para empezar, todo el tema del cambio de la hora me parece una pelotudés. Punto. Ni siquiera voy a discutirlo. El único beneficio que encuentro a que en realidad sean las dos de la tarde pero le llamemos "tres de la tarde" es que quizá este año el retardado mental que está a cargo del sitio web Tengo un Mac diga bien la hora de la keynote de Steve Jobs en MacWorld, a diferencia de todos los años previos en los que me hizo equivocar. (Y de hecho, en realidad no son tampoco las dos de la tarde. Me han dicho que en Argentina ya se adelantó una vez la hora, y nunca se retrasó. Así es. Tampoco son las dos. En realidad es la una.)
A mí me gustaría verle la cara al que tuvo la genial idea de cambiar la hora y preguntarle con tono ameno: "Decime, corazón, ¿por qué no te vas un poquitín a la mierda? ¿Si? ¿Me harías ese favor, dulzura? Gracias, qué amable." Es para ahorcarlo.
Luego, lo que me jode particularmente sobre Macri son un par de cosas. Primero, el aumento de colectivos. El otro día me tomé un 12 para ver a alguien y le digo al colectivero: "Ochenta." No me corrigió, y creo que de hecho ni me oyó –yo tenía el iPod puesto, así que de responderme no lo hubiera oído. Alimenté la máquina con una moneda de $1 y esperé mi vuelto. Y esperé. Pero nada cayó, salvo el boleto, que tomé sin leer. "¿Y el vuelto?", pensé. Me dirigí al colectivero, y reclamé, basándome en lo que me parecía un hecho bastante curioso: la máquina se había tragado mi moneda y me había dado el boleto, pero no el cambio. Algo inédito.
Le dije entonces al tipo detrás del volante: "La máquina no me dio el vuelto. Le puse un peso y no me dio vuelto." A lo que el colectivero respondió: "Ahora cuesta un peso el boleto." Luego de escuchar eso busqué pruebas en el boleto, camino a mi asiento. Era verdad, el boleto hacía alarde de un prominente 1 indicando su valor. Me quedé sorprendido. Lo siguiente que pensé fue "ese hijo de puta [Macri] aumentó el boleto".
Horas después fui al subte. Resulta que, claro, también aumentó. Ahora cuesta $0,90 hacer un viaje. En ese momento recordé todas las veces que me había colado, sintiendo una hermosa sensación de "al menos cagué al sistema" que en realidad no es más que una mera ilusión, porque es mucho más lo que pago en impuestos que lo que puedo llegar a cagarle al Estado colándome en el subte. (Y teniendo en cuenta que el subte es una concesión, en realidad tampoco cago al Estado, sino a Metrovías. Aún así por alguna razón no siento remordimiento, me pregunto por qué será. Debe tener algo que ver con la pésima calidad del servicio que ofrece Metrovías.)
El año comenzó hace seis días (*) y ya me cambiaron la hora, y aumentaron los boletos de subtes y colectivos. Me pregunto qué otras sorpresas me tendrá preparadas este maravilloso gobierno.
–L.D.
(*) ¡Feliz cumpleaños, Nek!
