Te cuento.
Yo soy hombre. Yo voy al boliche a buscar minas. Punto.
No voy a venir con ese verso de que me gusta bailar o que "voy a divertirme" o "a tomar algo" porque estaría mintiendo descaradamente. Y no es mi estilo. (Por si no te diste cuenta hasta ahora)
Así que imaginate qué lindo debe ser para mí ir a bolichear. Analicémoslo.
Vos entrás al boliche, después de pagar una entrada poco económica, para tener el privilegio, la fortuna y por qué no el grandísimo honor de respirar humo en medio de una aglomeración de minas creídas que van a hacerse las divas y tipos musculosos que creen que se llevan al mundo por delante porque van al gimnasio y tienen pelo largo.
Wow. Momento, corazón. Vamos a tratar de entender un poquito esto. Porque jamás lo logré comprender.
Por una parte tenés la motivación del 99.7% de los hombres: ir a buscar minas. El resto va a "ponerse en pedo". Pará de contar. Esas son las razones.
El hombre va donde están las mujeres. Como el león va al abrevadero para agarrar a los antílopes mientras toman agua. Si las mujeres solo salieran a patinar, todos los boludos iríamos a comprar patines. Si fueran a coser, tendríamos cajas de agujas e hilo. Es así. Hacemos lo que ellas hacen porque es lo necesario para conseguirlas. (No tengo problema para admitirlo.)
Por otro lado, la motivación de las mujeres para ir a bolichear es bastante dispar. Como de costumbre, la mujer es siempre rebuscada. Compleja. Torcida. Loca. Contradictoria. Poco exacta para expresarse. Etcétera. Intentemos ver qué carajo le pasa.
Algunas te van a decir que van "porque van las amigas". Eso yo lo interpreto como: "no tengo opiniones propias. Contrólenme, chicas".
Otras que lo hacen porque les gusta bailar. Me pregunto cómo harán para bailar si están amontonadas y en pedo, y apenas pueden dar dos pasos sin pisar a alguien.
Luego no falta alguna que confiesa que va a calentar a los hombres pero se hace la difícil porque ella "no se puede ir con cualquiera". ¡Ojo, eh! Ella es toda una dama. No te confundas porque te tiró onda o te hizo ojitos o se te franeleó por media hora. No, no. Ella es una SE-ÑO-RA. Guarda.
Y alguna que otra reventada confiesa que lo hace porque cree que es lo que tiene que hacer para encontrar al amor de vida u otra paparruchada incoherente por el estilo.
Sin mencionar a las putas totales que descaradamente admiten que van "a buscar chongos".
En definitiva, pocos saben a qué carajo van. Y los pocos que saben y no pertenecen a ninguna de las denigrantes calañas humanas previamente mencionadas, se joden. Porque deben bancarse a todos los demás.
Encima, impera un ambiente soberbio de gente creída donde no podés escuchar al que tenés al lado y sos víctima de todos los hijos de puta que fuman y te obligan a respirar el humo que debería matarlos a ellos pero que desgraciadamente te mata lentamente a vos también por ser fumador pasivo.
Y tenés que pagar por la bebida. Pagar otra vez. Porque recordemos que ya habías pagado para entrar. Para tener el gran honor de estar entre esa gente maravillosa. "La crem de la crem."
Llega la hora de cierre y te encontrás en la calle, solo o con la trolita de la noche (una de ellas, el boliche está plagado) que conseguiste en un momento llevado por el alcohol y el deseo, pensando en buscar el hotel más próximo para terminar de una vez y poder seguir con tu vida sintiéndote como todo un ganador por haber tenido sexo con una perfecta desconocida por la cual no darías ni dos mangos.
Si se te dio con alguna, es por esa noche. Porque, claro, una mina de una noche que ya tiene ganas de una, es claramente una trola. Entonces no sirve para nada más. Con lo cuál, cuando se te fueron las ganas (a la salida del telo) te terminás preguntando por qué las cosas tendrán que ser así. Por qué no podremos ser más honestos y sinceros. Por qué todos tendrán que dárselas de estrellas de cine y tratar a los demás como basura.
¿Por qué todo estará tan venido a menos?
Y, típico de mí: ¿Por qué las costumbres, y la vida misma, tienen tan poco sentido?
—L.D.
